miércoles, 22 de mayo de 2030

Bienvenidos

Bienvenidos Escritores y Lectores. Bienvenidos a nuestro blog.Este será el lugar a través del cual compartiremos nuestros escritos y lecturas.

Richard North Patterson, narrador: "La escritura no es producto de la magia, sino de la perseverancia."

Richard Bach, narrador: "Un escritor profesional es un amateur que no se rinde."

Samuel Beckett, narrador: "Las palabras son todo lo que tenemos."

Jack Kerouac, Escribe para ti mismo, recogido, asombrado.

Gabriel Garcia Márquez, Debemos arrojar a los oceanos del tiempo una botella de náufragos siderales, para que el universo sepa de nosotros lo que no han de contar las cucarachas que nos sobrevivirán: que aqui existió un mundo donde prevalació el sufrimiento y la injusticia, pero donde conocimos el amor y donde fuimos capaces de imaginar la felicidad.

Gabriel Garcia Márquez, Nunca releo mis libros, porque me da miedo.

Guy de Maupassant, Cualquier cosa que se quiere decir sólo hay una palabra para expresarla, un verbo para animarla y un adjetivo para calificarla.

Edgar allan Poe, En la crítica seré valiente, severo y absolutamente justo con amigos y enemigos. Nada cambiará este propósito.

Jorge Luis Borges, Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca.

Oscar Wilde, No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo.

martes, 13 de diciembre de 2011

CRISIS

CRISIS

De cabeza de cabeza

este mundo no endereza

crisis económica, crisis social

crisis política , crisis laboral

crisis de natura, crisis personal

¿que porque? ¿que como?

¿que cuando? ¿que sera?

En el afán de este mundo

tras lo suyo muchos van

por la vanagloria de oropel

muchos se quieren dar

y sin medir consecuencias

en inconsciencia total

generan dolor y mal

Que las empresas se quiebran ¡no!

los administradores malos

que el país esta endeudado, ¡no!

ladrones de cuello blanco

venden el alma al diablo

por dinero y por fortuna

avaricia de la que nunca ayunan

el letrado el ignorante

el del común y el pujante

contaminados están

por virus tan aberrante

y lo alimentan constante

dedicándole su vida y

llevando su alma a muerte

¡oh! si la luz buscaran

aquellas míseras vidas

entonces comprenderían:

lo fatuo de sus afanes

lo inútil de sus porfías

entonces desistirían

de su nefasta labor

tal vez así entenderían

de sus almas el valor.

mary

lunes, 6 de diciembre de 2010

TU



Tú que fuego pusiste
a mi helado corazón.

Tú que me brindaste
tu incondicional amor.

Tú que siempre me cuidas
sin haber pedido tu favor.

Tú que siempre estás
escuchando mi clamor

Tú que en mi fría soledad
me brindas tu calor.

Tú que permaneces fiel
aunque yo infiel y pecador

Tú que rescataste mi vida
del pozo del error.

Tú que por mi, tu vida entregaste
para demostrarme tu amor

Tú grandioso Señor bajaste del cielo
para ser mi salvador.

¿cómo podré pagarte yo tan magnánimo amor?
¿cómo podré Jesús decirte que te amo yo?
si cada día trasgredo tu palabra Señor

mi amor es muy escaso
mi amor es muy poquito

anhelo con fervor raso
amarte hasta el infinito.

mary

domingo, 1 de agosto de 2010

VIDA

Vida

Vida que palpitas fuerte
aunque me encuentre dormida
y parezca inerte.

Vida que eres hermosa
con tristezas y alegrías
con espinas y rosas.

Vida que bulles dentro de mi
en prisa y en reposo
siempre estas ahí.

Vida, que en tu viaje fugaz
mil experiencias me das
muchas lágrimas y risas
mas te vas y nunca avisas.

FLORES

Flores

Universos en miniatura
de delicadas texturas
exquisitos olores,
vestidos de colores.

Chispas celestiales
de gran belleza
que engalanan
la naturaleza.

efímero ornato
de tan solo un rato,
igual la vida del hombre
en este mundo florece

Tan corto es su existir
que pronto ya perece.

poesia

P incelada de inspiración

O rnada de vivencia

E manada de lo profundo

S uspiro hecho palabra

I nquietud del corazón que

A rrulla su esperanza.

sábado, 24 de julio de 2010

vida

VIDA

Vida que palpitas fuerte
aunque me encuentre dormida
y parezca inerte

Vida que eres hermosa
con tristezas y alegrías
con espinas y con rosas

Vida que bulles dentro de mi
en prisa y en reposo
siempre estas ahí.

Vida que en tu viaje fugaz
mil experiencias me das
muchas lágrimas y risas
mas te vas y nunca avisas. MARY

lunes, 28 de junio de 2010

VIDA

VIDA

Vida que palpitas fuerte
aunque me encuentre dormida
y parezca inerte

Vida que eres hermosa
con tristezas y alegrías
con espinas y con rosas

Vida que bulles dentro de mi
en prisa y en reposo
siempre estas ahí.


Vida que en tu viaje fugaz

mil experiencias me das
muchas lagrimas y risas
mas te vas y nunca avisas.
MARY

lunes, 21 de junio de 2010

En creación Cuentos para no dormirse en la guerra

El tiempo-- Jorge

El tiempo


Sabio

Implacable

Que todo lo puede

Que todas las heridas cura

Que alegrías trae

Todo dura lo que dura el tiempo

No más, no menos

Un susurro es un instante

Un instante es una vida

Una vida es recordada

En tanto sus acciones resuenen en el tiempo

Tiempo tan vivo

Y tan marchito

Agonizas y renaces en cada instante

Eres tu quien me agota

O soy yo el que te mata.

Memoria (Dia 3)

Día 3


Caminando

Pensando en lo que pudo haber sido

Pero solo fue ficción

Caminando,

Doy vueltas

Pienso una y otra vez

Doy vueltas

Y es siempre lo mismo

Oportunidad,

Expectativa, Decepción

Oportunidad,

No hay culpables, Solo resultados

Prefiero pensar

Que todo tiene un propósito,

las cosas que pasan son solo eso, cosas,

Son sólo el presagio

de cosas mejores… Oportunidad

Memoria (Dia 2)

Día 2


Desde lo alto observo la ciudad

¡De juguete!,

pienso

Movimientos simultáneos

Caos y armonía

Los pasos calculados de un baile de música inaudible

1-2-3-4

1 -Hombre camina,

2- Anciano mendiga,

3- Rojo avanza,

4-Niño se cansa,

1-2-3-4

¿Qué pasaría si uno de ellos no cumpliera la cita?

Almas en el mismo callejón llamado mundo

Con afán de ir a ningún lado;

Como si en el fervor diario,

Encontraran una razón a la existencia

Ignorándonos…

….Ignorando

…Que todo tiene su final

..¿Para qué tanta prisa, si vamos al mismo sitio?

domingo, 20 de junio de 2010

En el país de las mentiras

En el país de las mentiras

Y en la sinceridad del pensar

El pensar que no miente

el único que pertenece

que se muere

se entristece

se reconcilia

y se tuerce.



Del Cuento Breve Y Sus Alrededores --Julio Cortázar

Del Cuento Breve Y Sus Alrededores --Julio Cortázar

Alguna vez Horacio Quiroga intentó un “decálogo del perfecto cuentista”, cuyo mero título vale ya como una guiñada de ojo al lector. Si nueve de los preceptos son considerablemente prescindibles, el último me parece de una lucidez impecable: “Cuenta como si el relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida en el cuento”.

La noción de pequeño ambiente da su sentido más hondo al consejo, al definir la forma cerrada del cuento, lo que ya en otra ocasión he llamado su esfericidad; pero a esa noción se suma otra igualmente significativa, la de que el narrador pudo haber sido uno de los personajes, es decir que la situación narrativa en sí debe nacer y darse dentro de la esfera, trabajando del interior hacia el exterior, sin que los límites del relato se vean trazados como quien modela una esfera de arcilla. Dicho de otro modo, el sentimiento de la esfera debe preexistir de alguna manera al acto de escribir el cuento, como si el narrador, sometido por la forma que asume, se moviera implícitamente en ella y la llevara a su extrema tensión, lo que hace precisamente la perfección de la forma esférica.


Estoy hablando del cuento contemporáneo, digamos el que nace con Edgar Allan Poe, y que se propone como una máquina infalible destinada a cumplir su misión narrativa con la máxima economía de medios; precisamente, la diferencia entre el cuento y lo que los franceses llamannouvelle y los anglosajones long short story se basa en esa implacable carrera contra el reloj que es un cuento plenamente logrado: basta pensar en “The Cask of Amontillado” “Bliss”, “Las ruinas circulares” y “The Killers”. Esto no quiere decir que cuentos más extensos no puedan ser igualmente perfectos, pero me parece obvio que las narraciones arquetípicas de los últimos cien años han nacido de una despiadada eliminación de todos los elementos privativos de la nouvelle y de la novela, los exordios, circunloquios, desarrollos y demás recursos narrativos; si un cuento largo de Henry James o de D. H. Lawrence puede ser considerado tan genial como aquéllos, preciso será convenir en que estos autores trabajaron con una apertura temática y lingüística que de alguna manera facilitaba su labor, mientras que lo siempre asombroso de los cuentos contra el reloj está en que potencian vertiginosamente un mínimo de elementos, probando que ciertas situaciones o terrenos narrativos privilegiados pueden traducirse en un relato de proyecciones tan vastas como la más elaborada de las nouvelles.


Lo que sigue se basa parcialmente en experiencias personales cuya descripción mostrará quizá, digamos desde el exterior de la esfera, algunas de las constantes que gravitan en un cuento de este tipo. Vuelvo al hermano Quiroga para recordar que dice: “Cuenta como si el relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste ser uno”. La noción de ser uno de los personajes se traduce por lo general en el relato en primera persona, que nos sitúa de rondón en un plano interno. Hace muchos años, en Buenos Aires, Ana María Barrenechea me reprochó amistosamente un exceso en el uso de la primera persona, creo que con referencia a los relatos de “Las armas secretas”, aunque quizá se trataba de los de “Final del juego”. Cuando le señalé que había varios en tercera persona, insistió en que no era así y tuve que probárselo libro en mano. Llegamos a la hipótesis de que quizá la tercera actuaba como una primera persona disfrazada, y que por eso la memoria tendía a homogeneizar monótonamente la serie de relatos del libro.


En ese momento, o más tarde, encontré una suerte de explicación por la vía contraria, sabiendo que cuando escribo un cuento busco instintivamente que sea de alguna manera ajeno a mí en tanto demiurgo, que eche a vivir con una vida independiente, y que el lector tenga o pueda tener la sensación de que en cierto modo está leyendo algo que ha nacido por sí mismo, en sí mismo y hasta de sí mismo, en todo caso con la mediación pero jamás la presencia manifiesta del demiurgo. Recordé que siempre me han irritado los relatos donde los personajes tienen que quedarse como al margen mientras el narrador explica por su cuenta (aunque esa cuenta sea la mera explicación y no suponga interferencia demiúrgica) detalles o pasos de una situación a otra. El signo de un gran cuento me lo da eso que podríamos llamar su autarquía, el hecho de que el relato se ha desprendido del autor como una pompa de jabón de la pipa de yeso. Aunque parezca paradójico, la narración en primera persona constituye la más fácil y quizá mejor solución del problema, porque narración y acción son ahí una y la misma cosa. Incluso cuando se habla de terceros, quien lo hace es parte de la acción, está en la burbuja y no en la pipa. Quizá por eso, en mis relatos en tercera persona, he procurado casi siempre no salirme de una narración strictu senso, sin esas tomas de distancia que equivalen a un juicio sobre lo que está pasando. Me parece una vanidad querer intervenir en un cuento con algo más que con el cuento en sí.


Esto lleva necesariamente a la cuestión de la técnica narrativa, entendiendo por esto el especial enlace en que se sitúan el narrador y lo narrado. Personalmente ese enlace se me ha dado siempre como una polarización, es decir que si existe el obvio puente de un lenguaje yendo de una voluntad de expresión a la expresión misma, a la vez ese puente me separa, como escritor, del cuento como cosa escrita, al punto que el relato queda siempre, con la última palabra, en la orilla opuesta. Un verso admirable de Pablo Neruda: Mis criaturas nacen de un largo rechazo, me parece la mejor definición de un proceso en el que escribir es de alguna manera exorcizar, rechazar criaturas invasoras proyectándolas a una condición que paradójicamente les da existencia universal a la vez que las sitúa en el otro extremo del puente, donde ya no está el narrador que ha soltado la burbuja de su pipa de yeso. Quizá sea exagerado afirmar que todo cuento breve plenamente logrado, y en especial los cuentos fantásticos, son productos neuróticos, pesadillas o alucinaciones neutralizadas mediante la objetivación y el traslado a un medio exterior al terreno neurótico; de todas maneras, en cualquier cuento breve memorable se percibe esa polarización, como si el autor hubiera querido desprenderse lo antes posible y de la manera más absoluta de su criatura, exorcizándola en la única forma en que le era dado hacerlo: escribiéndola.


Este rasgo común no se lograría sin las condiciones y la atmósfera que acompañan el exorcismo. Pretender liberarse de criaturas obsesionantes a base de mera técnica narrativa puede quizá dar un cuento, pero al faltar la polarización esencial, el rechazo catártico, el resultado literario será precisamente eso, literario; al cuento le faltará la atmósfera que ningún análisis estilístico lograría explicar, el aura que pervive en el relato y poseerá al lector como había poseído, en el otro extremo del puente, al autor. Un cuentista eficaz puede escribir relatos literariamente válidos, pero si alguna vez ha pasado por la experiencia de librarse de un cuento como quien se quita de encima una alimaña, sabrá de la diferencia que hay entre posesión y cocina literaria, y a su vez un buen lector de cuentos distinguirá infaliblemente entre lo que viene de un territorio indefinible y ominoso, y el producto de un merométier. Quizá el rasgo diferencial más penetrante —lo he señalado ya en otra parte— sea la tensión interna de la trama narrativa. De una manera que ninguna técnica podría enseñar o proveer, el gran cuento breve condensa la obsesión de la alimaña, es una presencia alucinante que se instala desde las primeras frases para fascinar al lector, hacerle perder contacto con la desvaída realidad que lo rodea, arrasarlo a una sumersión más intensa y avasalladora. De un cuento así se sale como de un acto de amor, agotado y fuera del mundo circundante, al que se vuelve poco a poco con una mirada de sorpresa, de lento reconocimiento, muchas veces de alivio y tantas otras de resignación. El hombre que escribió ese cuento pasó por una experiencia todavía más extenuante, porque de su capacidad de transvasar la obsesión dependía el regreso a condiciones más tolerables; y la tensión del cuento nació de esa eliminación fulgurante de ideas intermedias, de etapas preparatorias, de toda la retórica literaria deliberada, puesto que había en juego una operación en alguna medida fatal que no toleraba pérdida de tiempo; estaba allí, y sólo de un manotazo podía arrancársela del cuello o de la cara. En todo caso así me tocó escribir muchos de mis cuentos; incluso en algunos relativamente largos, como Las armas secretas, la angustia omnipresente a lo largo de todo un día me obligó a trabajar empecinadamente hasta terminar el relato y sólo entonces, sin cuidarme de releerlo, bajar a la calle y caminar por mí mismo, sin ser ya Pierre, sin ser ya Michèle.


Esto permite sostener que cierta gama de cuentos nace de un estado de trance, anormal para los cánones de la normalidad al uso, y que el autor los escribe mientras está en lo que los franceses llaman un “état second”. Que Poe haya logrado sus mejores relatos en ese estado (paradójicamente reservaba la frialdad racional para la poesía, por lo menos en la intención) lo prueba más acá de toda evidencia testimonial el efecto traumático, contagioso y para algunos diabólico de The Tell-tale Heart o de Berenice. No faltará quien estime que exagero esta noción de un estado ex-orbitado como el único terreno donde puede nacer un gran cuento breve; haré notar que me refiero a relatos donde el tema mismo contiene la “anormalidad”, como los citados de Poe, y que me baso en mi propia experiencia toda vez que me vi obligado a escribir un cuento para evitar algo mucho peor. ¿Cómo describir la atmósfera que antecede y envuelve el acto de escribirlo? Si Poe hubiera tenido ocasión de hablar de eso, estas páginas no serían intentadas, pero él calló ese círculo de su infierno y se limitó a convertirlo en The Black Cat o en Ligeia. No sé de otros testimonios que puedan ayudar a comprender el proceso desencadenante y condicionante de un cuento breve digno de recuerdo; apelo entonces a mi propia situación de cuentista y veo a un hombre relativamente feliz y cotidiano, envuelto en las mismas pequeñeces y dentistas de todo habitante de una gran ciudad, que lee el periódico y se enamora y va al teatro y que de pronto, instantáneamente, en un viaje en el subte, en un café, en un sueño, en la oficina mientras revisa una traducción sospechosa acerca del analfabetismo en Tanzania, deja de ser él-y-su-circunstancia y sin razónalguna, sin preaviso, sin el aura de los epilépticos, sin la crispación que precede a las grandes jaquecas, sin nada que le dé tiempo a apretar los dientes y a respirar hondo, es un cuento, una masa informe sin palabras ni caras ni principio ni fin pero ya un cuento, algo que solamente puede ser un cuento y además en seguida, inmediatamente, Tanzania puede irse al demonio porque este hombre meterá una hoja de papel en la máquina y empezará a escribir aunque sus jefes y las Naciones Unidas en pleno le caigan por las orejas, aunque su mujer lo llame porque se está enfriando la sopa, aunque ocurran cosas tremendas en el mundo y haya que escuchar las informaciones radiales o bañarse o telefonear a los amigos. Me acuerdo de una cita curiosa, creo que de Roger Fry; un niño precozmente dotado para el dibujo explicaba su método de composición diciendo: First I think and then I draw a line round my think (sic). En el caso de estos cuentos sucede exactamente lo contrario: la línea verbal que los dibujará arranca sin ningún “think” previo, hay como un enorme coágulo, un bloque total que ya es el cuento, eso es clarísimo aunque nada pueda parecer más oscuro, y precisamente ahí reside esa especie de analogía onírica de signo inverso que hay en la composición de tales cuentos, puesto que todos hemos soñado cosas meridianamente claras que, una vez despiertos, eran un coágulo informe, una masa sin sentido. ¿Se sueña despierto al escribir un cuento breve? Los límites del sueño y la vigilia, ya se sabe: basta preguntarle al filósofo chino o a la mariposa. De todas maneras si la analogía es evidente, la relación es de signo inverso por lo menos en mi caso, puesto que arranco del bloque informe y escribo algo que sólo entonces se convierte en un cuento coherente y válidoper se. La memoria, traumatizada sin duda por una experiencia vertiginosa, guarda en detalle las sensaciones de esos momentos, y me permite racionalizarlos aquí en la medida de lo posible. Hay la masa que es el cuento (¿pero qué cuento? No lo sé y lo sé, todo está visto por algo mío que no es mi conciencia pero que vale más que ella en esa hora fuera del tiempo y la razón), hay la angustia y la ansiedad y la maravilla, porque también las sensaciones y los sentimientos se contradicen en esos momentos, escribir un cuento así es simultáneamente terrible y maravilloso, hay una desesperación exaltante, una exaltación desesperada; es ahora o nunca, y el temor de que pueda ser nunca exacerba el ahora, lo vuelve máquina de escribir corriendo a todo teclado, olvido de la circunstancia, abolición de lo circundante. Y entonces la masa negra se aclara a medida que se avanza, increíblemente las cosas son de una extrema facilidad como si el cuento ya estuviera escrito con una tinta simpática y uno le pasara por encima el pincelito que lo despierta. Escribir un cuento así no da ningún trabajo, absolutamente ninguno; todo ha ocurrido antes y ese antes, que aconteció en un plano donde “la sinfonía se agita en la profundidad”, para decirlo con Rimbaud, es el que ha provocado la obsesión, el coágulo abominable que había que arrancarse a tirones de palabras. Y por eso, porque todo está decidido en una región que diurnamente me es ajena, ni siquiera el remate del cuento presenta problemas, sé que puedo escribir sin detenerme, viendo presentarse y sucederse los episodios, y que el desenlace está tan incluido en el coágulo inicial como el punto de partida. Me acuerdo de la mañana en que me cayó encima Una flor amarilla: el bloque amorfo era la noción del hombre que encuentra a un niño que se le parece y tiene la deslumbradora intuición de que somos inmortales. Escribí las primeras escenas sin la menor vacilación, pero no sabía lo que iba a ocurrir, ignoraba el desenlace de la historia. Si en ese momento alguien me hubiera interrumpido para decirme: “Al final el protagonista va a envenenar a Luc”, me hubiera quedado estupefacto. Al final el protagonista envenena a Luc, pero eso llegó como todo lo anterior, como una madeja que se desovilla a medida que tiramos; la verdad es que en mis cuentos no hay el menor mérito literario, el menor esfuerzo. Si algunos se salvan del olvido es porque he sido capaz de recibir y transmitir sin demasiadas pérdidas esas latencias de una psiquis profunda, y el resto es una cierta veteranía para no falsear el misterio, conservarlo lo más cerca posible de su fuente, con su temblor original, su balbuceo arquetípico.


Lo que precede habrá puesto en la pista al lector: no hay diferencia genética entre este tipo de cuentos y la poesía como la entendemos a partir de Baudelaire. Pero si el acto poético me parece una suerte de magia de seguno grado, tentativa de posesión ontológica y no ya física como en la magia propiamente dicha, el cuento no tiene intenciones esenciales, no indaga ni transmite un conocimiento o un “mensaje”. El génesis del cuento y del poema es sin embargo el mismo, nace de un repentino extrañamiento, de undesplazarse que altera el régimen “normal” de la conciencia; en un tiempo en que las etiquetas y los géneros ceden a una estrepitosa bancarrota, no es inútil insistir en esta afinidad que muchos encontrarán fantasiosa. Mi experiencia me dice que, de alguna manera, un cuento breve como los que he tratado de caracterizar no tiene una estructura de prosa. Cada vez que me ha tocado revisar la traducción de uno de mis relatos (o intentar la de otros autores, como alguna vez con Poe) he sentido hasta qué punto la eficacia y elsentido del cuento dependían de esos valores que dan su carácter específico al poema y también al jazz: la tensión, el ritmo, la pulsación interna, lo imprevisto dentro de parámetros pre-vistos, esa libertad fatal que no admite alteración sin una pérdida irrestañable. Los cuentos de esta especie se incorporan como cicatrices indelebles a todo lector que los merezca: son criaturas vivientes, organismos completos, ciclos cerrados, y respiran. Ellosrespiran, no el narrador, a semejanza de los poemas perdurables y a diferencia de toda prosa encaminada a transmitir la respiración del narrador, a comunicarla a manera de un teléfono de palabras. Y si se pregunta: Pero entonces, ¿no hay comunicación entre el poeta (el cuentista) y el lector?, la respuesta es obvia: La comunicación se opera desde el poema o el cuento, nopor medio de ellos. Y esa comunicación no es la que intenta el prosista, de teléfono a teléfono; el poeta y el narrador urden criaturas autónomas, objetos de conducta imprevisible, y sus consecuencias ocasionales en los lectores no se diferencian esencialmente de las que tienen para el autor, primer sorprendido de su creación, lector azorado de sí mismo.
Breve coda sobre los cuentos fantásticos. Primera observación: lo fantástico como nostalgia. Toda suspensión of disbelief obra como una tregua en el seco, implacable asedio que el determinismo hace al hombre. En esa tregua, la nostalgia introduce una variante en la afirmación de Ortega: hay hombres que en algún momento cesan de ser ellos y su circunstancia, hay una hora en la que se anhela ser uno mismo y lo inesperado, uno mismo y el momento en que la puerta que antes y después da al zaguán se entorna lentamente para dejarnos ver el prado donde relincha el unicornio.

Segunda observación: lo fantástico exige un desarrollo temporal ordinario. Su irrupción altera instantáneamente el presente, pero la puerta que da al zaguán ha sido y será la misma en el pasado y el futuro. Sólo la alteración momentánea dentro de la regularidad delata lo fantástico, pero es necesario que lo excepcional pase a ser también la regla sin desplazar las estructuras ordinarias entre las cuales se ha insertado. Descubrir en una nube el perfil de Beethoven sería inquietante si durara diez segundos antes de deshilacharse y volverse fragata o paloma; su carácter fantástico sólo se afirmaría en caso de que el perfil de Beethoven siguiera allí mientras el resto de la nubes se conduce con su desintencionado desorden sempiterno. En la mala literatura fantástica, los perfiles sobrenaturales suelen introducirse como cuñas instantáneas y efímeras en la sólida masa de lo consuetudinario; así, una señora que se ha ganado el odio minucioso del lector, es meritoriamente estrangulada a último minuto gracias a una mano fantasmal que entra por la chimenea y se va por la ventana sin mayores rodeos, aparte de que en esos casos el autor se cree obligado a proveer una “explicación” a base de antepasados vengativos o maleficios malayos. Agrego que la peor literatura de este género es sin embargo la que opta por el procedimiento inverso, es decir el desplazamiento de lo temporal ordinario por una especie de “full-time” de lo fantástico, invadiendo la casi totalidad del escenario con gran despliegue de cotillón sobrenatural, como en el socorrido modelo de la casa encantada donde todo rezuma manifestaciones insólitas, desde que el protagonista hace sonar el aldabón de las primeras frases hasta la ventana de la bohardilla donde culmina espasmódicamente el relato. En los dos extremos (insuficiente instalación en la circunstancia ordinaria, y rechazo casi total de esta última) se peca por impermeabilidad, se trabaja con materias heterogéneas momentáneamente vinculadas pero en las que no hay ósmosis, articulación convincente. El buen lector siente que nada tienen que hacer allí esa mano estranguladora ni ese caballero que de resultas de una apuesta se instala para pasar la noche en una tétrica morada. Este tipo de cuentos que abruma las antologías del género recuerda la receta de Edward Lear para fabricar un pastel cuyo glorioso nombre he olvidado: Se toma un cerdo, se lo ata a una estaca y se le pega violentamente, mientras por otra parte se prepara con diversos ingredientes una masa cuya cocción sólo se interrumpe para seguir apaleando al cerdo. Si al cabo de tres días no se ha logrado que la masa y el cerdo formen un todo homogéneo, puede considerarse que el pastel es un fracaso, por lo cual se soltará al cerdo y se tirará la masa a la basura. Que es precisamente lo que hacemos con los cuentos donde no hay ósmosis, donde lo fantástico y lo habitual se yuxtaponen sin que nazca el pastel que esperábamos saborear estremecidamente.
Cartas sobre el cuento
Antón Chéjov


(A Alexander Chéjov. Abril de 1883)
(…) Insistes en llenar tus relatos de tonterías insignificantes, a pesar de que no eres un escritor subjetivo por naturaleza. En ti, ése es un rasgo adquirido. Abandonar esa subjetividad es tan fácil como beber un trago. Uno sólo tiene que ser más honesto, abrirse y exponerse en cualquier parte, no invadir ni atropellar al héroe de su propio relato, renunciar a uno mismo aunque sea por media hora. Tienes un cuento donde una joven pareja de recién casados se besa durante toda la comida, sufre sin causa, llora mares de lágrimas. Ni una palabra sensata; nada más que sentimentalidad. Quiere decir que no escribiste para el lector. Escribiste porque a ti te gusta ese tipo de chismes. Pero supongamos que tuvieras que describir la cena: cómo comieron, qué comieron, cómo es la cocinera, cuán insípido es tu héroe, cuán contento con su fácil felicidad, cuán insípida es tu heroína, cuán divertido su amor por este satisfecho y sobrealimentado bebe-ganso: a todos nos gusta ver gente contenta y feliz, es verdad, pero describir todo lo que se dijeron y cuántas veces se besaron no es suficiente. Necesitas algo más: liberarte a ti mismo de la expresión personal que una plácida y melosa felicidad produce en todo el mundo (…). La subjetividad es algo terrible. Es mala por el sólo hecho de que revela la mano - y también los pies - del autor. Apuesto a que todas las hijas-de-predicador y esposas-de-empleado que leen tus obras se enamoran de ti; y si fueras alemán, te servirían cerveza gratis en todas las cervecerías atendidas por mujeres. Si no fuera por esa subjetividad, serías el mejor de los artistas. Sabes cómo reír, cómo herir y cómo ridiculizar, posees un estilo acabado y gran experiencia, porque has vivido tantas cosas, pero ¡qué lástima! Todo es material se desperdicia.


(A Alexander Chéjov. Abril de 1886)
En mi opinión, una verdadera descripción de la naturaleza debe ser breve, poseer carácter y relevancia. Hay que acabar con lugares comunes como "el sol poniente, bañado en las olas del mar oscurecido, vertió su oro carmesí", o "las golondrinas, sobrevolando la superficie del agua, gorjeaban jubilosas". Al describir la naturaleza, uno debe atrapar pequeños detalles arreglándolos de tal manera que con los ojos cerrados se obtenga en la mente una imagen clara. Por ejemplo, si quieres lograr el efecto total de una clara noche de luna, escribe que un trozo de cristal de botella rota brillaba como una pequeña estrella en el estanque del molino, mientras la sombra oscura de un perro o un lobo pasó bruscamente como una pelota, y así sucesivamente. La naturaleza cobrará así vida si no temes comparar sus fenómenos con acciones humanas ordinarias.
En la esfera de lo psicológico, los detalles son también la clave. Dios nos libre de los lugares comunes. Primero que nada, evita describir el estado interior del héroe, tienes que tratar de que se aclare a partir de sus acciones. No es necesario retratar demasiados personajes. El centro de gravedad debe estar en dos personas: él y ella (…). Te escribo esto como lector que tiene un gusto definido. También para que tú, al escribir, no te sientas sólo. Es duro estar solo en el trabajo. Es mejor recibir un comentario crítico pobre que no recibir ninguno en absoluto, ¿no es verdad?


(A I. L. Shecheglov. Enero de 1888)
(…) no debes dar al lector ninguna oportunidad de recuperarse: tienes que mantenerlo siempre en suspenso. Estos comentarios no serían aplicables si "Mignon" fuera una novela. Las obras largas y detalladas tienen sus propios fines particulares, que por supuesto requieren de la ejecución mas cuidadosa (…). Pero en los cuentos es mejor no decir suficiente que decir demasiado, porque… porque… No sé por qué.


(A V. G. Korolenko. Abril de 1888)
Le estoy enviando el cuento sobre el suicidio. Yo lo leo y no encuentro en él nada que pudiera interesarle; es una obra pobre (…). Ayer di a leer el cuento que estoy escribiendo para el Sieverny Viesnik a una muchacha. Lo leyó y me dijo: "¡Oh, qué aburrido!". Eso es: realmente aburrido. He tratado por todos los medios de darle vida; lo he acortado, lo he pulido, etc., pero sigue siendo aburrido a pesar de mis esfuerzos.


(A A. N. Pleshcheyev. Abril de 1888)
He venido trabajando por largo tiempo (…) en un cuento breve para la Sieverny Viesnik. Ha debido estar terminado hace meses, pero ¡Dios mío! Siento que no lo terminaré hasta mayo. Desafortunadamente, no estoy satisfecho con él y me he prometido a mí mismo no enviártelo hasta que no lo haya dominado. Hoy he leído todo lo escrito hasta ahora, he reescrito partes y he decidido comenzar de nuevo desde el principio. Aun si no resulta lo que yo esperaba, sabré al menos que trabajé de manera concienzuda y que me he ganado el dinero que pudiera traerme. El cuento carece de interés y de sabor. Yo lo reordeno, lo ironizo, le hago todo tipo de cambios, y aún me deja insatisfecho; así que ya lo tengo decidido: lo terminaré para mayo o lo abandonaré por completo.

¡RECUERDOS DE LA INFANCIA!

Clara luego de tomar el desayuno, partió para el colegio de kinder con su maleta y lonchera, acompañada de su mamá en la mañana.


La navidad ya se ha ido, cuando le regalaron a la niña el mi papá una grande muñeca de ojos azules que se abrían y cerraban y cantaba una dulce canción.


En el colegio a la hora de recreo la niña jugaba golosa con otras niñas. Saltaba lazo y hula hula de moda giraba.


De regreso a casa almorzaba lo que la mamacita preparó en la cocina con mucho esmero. Cocinaba las onces, la comida, además lavaba las ropas, planchaba, barría y enceraba los pisos.


El padre de la niña entre semana trabajaba por las mañanas y tardes.


La niña los domingos jugaba con una plancha de carbón, luego miraba los cómics Airchi, Lorenzo y Pepita, Daniel el Travieso, el Gato con Botas.


En el patio habían grandes árboles y césped, unas sillas.


La niña Clara viaja en vacaciones, en avión para Barranquilla acompañada de sus padres y hermanos, conoció el puerto con los barcos, el estadio, el monumento a María Mulata un pájaro negro, en el centro de la ciudad, los centros comerciales, los cafés, los restaurantes, el carnaval de Febrero en las calles.


En la tarde volvió al hotel donde cenó.


Al otro día en el hotel la niña Clara desayunó, luego en la piscina estuvo con flotador en la parte menos honda. al medio día un exquisito almuerzo. En la tarde la niña jugó ping pong en las mesas. En la noche comió una deliciosa comida.


Permaneció varios días allí, regresó en avión. Ahora la niña Clara está en Bogotá.

Recuerda y escribe sus recuerdos.

Por la PLaza

La biblioteca, un oasis en el tumulto de la calle, salimos y la realidad nos golpea de frente, está lloviznando, ¿seremos tan flojos que nos devolveremos?

No, somos valientes y continuamos; las busetas pasan, pasan carros particulares, esquivamos los charcos y pasamos la calle.

… Los mangos ya están podridos, pero aún se venden, “mire patrón para el jugo, están buenos”.

… La librería más fea del mundo, se suben las escaleras y se compra el libro que se necesita a dos o tres mil pesos; fea porque tantas veces le he insistido al dueño que la abra y deje entrar a la gente, la única respuesta es “no mijo porque me roban”

… El caldo con papas y costilla, ¿seré capaz de tomármelo?... tal vez no, tiene mucho aceite, mucha grasa como dicen más popularmente, o ¿será que también soy muy elitista?. Sólo Daniela lo sabrá.

¿Pero para dónde vamos?

¿Si vamos a llegar algún día?

Bueno si, es que estábamos muy impacientes.

… Tomar tinto y hablar al son del run run del fondo.

“Acá me hice la venta del día” – piensa el mesero, ¿o era una mesera?

Pero no, tan chichipatos, dos mil ochocientos pesos la venta y ¡eran diez!

Nos devolvemos por entre la plaza. A la orden patrón. Acá le tenemos lo que necesita y si no se lo conseguimos.

Y ¡por fin!, allí la vemos,
la única la inigualable,
la joya de la corona,
la nunca bien ponderada
FLOR DE JAMAICA,
señora, señorita, joven, señor, niño,
¿qué le duele?
¿cual es su mal?,
¿le duele una uña?,
o ¿es el colon el que le duele?,
¿tiene cáncer o taquicardia?,
no importa, no me lo diga,
sólo llévela,
esta auténtica joya de la naturaleza
le cura de cualquier mal,
incluso del mal de amor.

Lleve todas las que pueda,
antes que su vecino se entere,
porque él se va a llevar las que quedan.
LA FLOR DE JAMAICA,
ha logrado vencer,
todos se inclinan ante su omnipotencia,
las facultades de medicina del país,
que digo del país,
del continente,
que digo del continente,
del mundo,
todas las facultades han decidido cerrar,
han sido vencidas en franca lid
por esta maravillosa y mágica flor.


... Volvemos al silencio de la biblioteca y a escribir de afán porque el tiempo de taller se acabó y Leydi tiene que irse a su taller de danzas.

GERPOL

A la que es demasiado alegre



Tu cabeza, tu gesto, tu aire
Como un bello paisaje, son bellos;
Juguetea en tu cara la risa
Cual fresco viento en claro cielo.

El triste paseante al que rozas
Se deslumbra por la lozanía
Que brota como un resplandor
De tus espaldas y tus brazos.

El restallante colorido
De que salpicas tus tocados
Hace pensar a los poetas
En un vivo ballet de flores.




Halabi

Halabi se encontraba sentado allí, en ese lugar lleno de árboles en el cual llevaba un buen tiempo viviendo, y en donde en medio de su vida solitaria, vivía tranquilo y creía que era feliz.

Aquel día era soleado y alcanzaban a entrar unos pequeños rayos de sol en medio de aquel bosque donde él estaba recordando la vida que había llevado antes de haberse ido a vivir allí; y se decía así mismo lo feliz que se sentía por toda la tranquilidad que lo invadía y la cual había estado buscando por mucho tiempo. De repente, algo interrumpió sus pensamientos y sintió que a trescientos metros de donde él se encontraba, por el camino que separaba el bosque donde él vivía y el otro bosque donde habitaba un ser extraño, algo muy parecido a un toro pero gigante, entraban tres caballos y sobre ellos llevaban a tres hombres que gritaban cosas, que Halabi no lograba entender, pero al parecer los hombres iban enojados.

Halabi se acerco rápidamente a mirar que pasaba, se escondió tras un follaje para que no lo vieran, cuando de un momento a otro apareció el toro gigante, y no dejo avanzar a los tres jinetes. El toro parecía estar muy enojado, porque rugía fuertemente; esto hizo que Halabi sintiera miedo y que la tranquilidad que tenía se desvaneciera.

Los tres jinetes parecían asustados pero inmediatamente reaccionaron y sacaron sus espadas para atacar al toro; Halabi en medio del miedo que sentía le pareció gracioso que los jinetes reaccionaran de esa forma, ya que a él le parecía algo imposible, porque por más de que fueran tres, el toro era muy fuerte y con un solo soplo los mataría; y Halabi no pensaba mal porque así fue, el toro con un solo ataque mato a los tres hombres.

Halabi impactado por aquel suceso, se percato de que hacía mucho tiempo no sentía emociones y que por más de que viviera en medio de tanta tranquilidad, no era feliz como él creía, ya que en su vida faltaba algo para completar esa felicidad; y es así como decide marcharse de aquel bosque e ir en busca nuevamente de lo que en su pasado había abandonado y eso era su Familia, y esta sería la única que lo podría sacar de su vida solitaria y regresarle la tranquilidad que por un momento un ser gigante hizo que esta se le desvaneciera y él se diera cuenta de la amargura que cargaba en su vida.

Daniela